sábado, 29 de junio de 2013


Entonces me pregunté si es posible quedarse en un lugar para siempre. 

Me puse a mirar a todo y a todos a mí alrededor, tratando de memorizar sus rostros, sus expresiones, sus palabras, cada una de sus lágrimas, los abrazos y las risas, incluso traté de imaginarme recargada en la puerta, llorando y abrazándome a mí misma, antes de que alguien más llegara y lo hiciera.
Traté de recordar el sentimiento, como es que se sentía una punzada en mi corazón. 

Lo único que estaba haciendo era tratar de recordar ese momento.
¿Cómo podría quedarme yo aquí para siempre?

Pero entonces, recordé que los recuerdos pueden transportarnos y llevarnos a lugares que creíamos olvidados.

Cada vez que quiera regresar allí, los recordaré a todos y cada uno de ellos y entonces, por fin, podré estar en un lugar para siempre


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